Alonso y Mariño: la marca omnipresente de los 90' y su salida de escena


La presencia publicitaria de Alonso y Mariño en los años noventa

Haciendo memoria, una de las empresas con mayor presencia mediática que recuerdo es Alonso y Mariño. Y no me refiero a que se tratara de algo temporal: lo recuerdo acompañándome durante todo el ciclo escolar, cuando regresaba a casa y merendaba o empezaba a hacer "los deberes" que mandaba la maestra. En la tv siempre había alguna publicidad de ellos de fondo. 

Lógicamente a finales de los 90', los anuncios televisivos no tenían la misma tecnología que vemos actualmente, pero aún así lograban quedar grabados en gran parte del público. 

Lo veo en en recorridos por foros, comentarios de YouTube y grupos dedicados a publicidades retro, donde se repite una observación común: el uso de locutores profesionales, el tono humorístico, los jingles propios y la demostración directa del producto, fueron un gran diferencial de estos anuncios televisivos.

Actualmente, considero que hay menos creatividad salvo en contadas excepciones, con influencers o figuras famosas, música de fondo que esté a la moda y no mucho más. No sé si quedarán grabadas en las nuevas generaciones de la misma forma que nos marcaron a nosotros. Desde la psicología de la memoria se ha señalado que este tipo de publicidades "no se fijan como relatos, sino como sensaciones. Recordamos el aviso entero no tanto como un relato, sino desde el tono: transmitían seguridad, calidez, expectativa y normalidad cotidiana. No es memoria narrativa sino emocional".

Mucha propaganda de esa época, me hace revivir la infancia durante unos segundos, como si saliera de mi cuerpo y me transportara. Sin duda, fueron archivos que durante los 90' nos calaron hondo.

Así que, aprovechando esta era de las comunicaciones, me propuse buscar información actual sobre Alonso y Mariño y esto derivó en una de las investigaciones más desconcertantes del blog: a pesar de estar presentes en todos los medios tradicionales como  diarios, revistas, folletos, cartelería, radios de mayor audiencia y, sobre todo, en el horario central de la televisión abierta durante los 90', rastrear la historia de Alonso y Mariño resultó extremadamente difícil.



Una marca omnipresente en los hogares

No vendían bienes excepcionales ni aspiracionales. Vendían escobas, trapos de piso, artículos de limpieza. Productos necesarios y habituales. Seguramente por eso, la presencia publicitaria fue tan intensa. No apuntaba al lujo ni a la novedad, sino a instalar la marca en la rutina diaria.

A pesar de la intensa búsqueda, no emergió prácticamente ningún resultado que nos hable de la historia o trayectoria de Alonso y Mariño, pero sí hay disponible documentación estatal que es de acceso público y, bastante grande fue mi sorpresa al ver que lamentablemente, comienza registrando grandes dificultades en la misma.

Los primeros registros oficiales de la crisis

Se pueden revisar Boletines Oficiales y resoluciones del Poder Ejecutivo, por ejemplo, a fines del año 2000, una resolución presidencial otorga el beneficio de Seguro por Desempleo a seis trabajadores de Alonso y Mariño S.A. El texto es sobrio y técnico, pero revelador. Señala que la empresa, “ha debido reducir sensiblemente la actividad ante la disminución de las ventas”, y que “no existe posibilidad de reintegrar a dichos trabajadores en forma inmediata”. 

El Estado interviene para sostener, al menos de manera transitoria, a quienes han quedado sin trabajo.

No se habla de cierre ni de quiebra. Se habla de prórrogas, de interés general, de sostener la fuente de empleo. Leído hoy, ese lenguaje funciona como un anticipo.  Y la cronología no es casual.

Entre los años 2000 y 2001, muchas empresas uruguayas -especialmente industriales- atravesaron procesos similares: caída de ventas, reducción del personal, reestructuraciones... Alonso y Mariño desafortunadamente estuvo en este grupo.

Más me impacta lo rápido del asunto: en 1999 continuaban teniendo una presencia muy marcada en todos los medios y me animo afirmar que aun se mantenían entre las primeras 10 marcas más recordadas del momento.



Sin embargo, en diciembre de 2001,
una nueva resolución amplía el beneficio a otros trabajadores. Y en enero de 2002, el Poder Ejecutivo corrige esa misma resolución para abarcar a otro trabajador de la empresa. El lenguaje administrativo no dramatiza, pero los hechos hablan por sí solos: Alonso y Mariño ya no logra sostener su plantilla.

Endeudamiento, concordato y caída financiera

Estos documentos no son aislados. También figura una solicitud de refinanciación que revela un endeudamiento significativo: un pasivo total de aproximadamente 2,2 millones de dólares, con compromisos importantes con el sistema financiero, incluyendo al Banco República, Santander, Surinvest y el Banco Montevideo. Frente a ese escenario, la empresa propone un concordato con una quita del 40% y una espera de 18 meses. 

Pero la historia tampoco se detiene ahí. En los años siguientes aparecen procesos ejecutivos y, finalmente, edictos judiciales que anuncian el remate de bienes muebles pertenecientes a Alonso y Mariño S.A. 

El remate de bienes y el cierre de la empresa

En 2006, se subastan activos en un local de San Ramón, Canelones, lugar donde la empresa había tenido su base operativa. Los avisos advierten que los bienes se venden “en el estado de conservación material y en la situación jurídica en que se encuentren”, una fórmula habitual que determina el cierre material de una etapa.

Todo esto ocurre mientras la memoria pública sigue asociando la marca a los años de abundancia publicitaria. La caída no fue un estallido visible, sino una implosión que los consumidores ni siquiera imaginábamos.

Alonso y Martínez: ¿continuidad, transición o una nueva firma?



En paralelo, y aquí la historia se vuelve más compleja,
surge otra razón social: Alonso y Martínez Ltda. Según su página web, la empresa abre sus puertas en el mes de setiembre de 2001, en pleno contexto de crisis, y se define como una empresa familiar que en la actualidad tiene “casi 25 años de experiencia” en el rubro de artículos de limpieza, ferretería, barraca, hogar y droguería. La coincidencia no pasa desapercibida.

Alonso y Martínez opera desde Montevideo, a diferencia de Alonso y Mariño, que estaba radicada en San Ramón. El cambio de figura jurídica sugiere que no se trata de una simple continuidad lineal ni de una fundación desde cero, sino de una posible transición: una forma de supervivencia empresarial que, en contextos de crisis, permite cerrar una estructura cargada de pasivos y continuar la actividad bajo otro formato.

Memoria económica, archivo y actualidad

No hay, al menos por ahora, un documento que declare explícitamente que Alonso y Martínez sea la continuación legal de Alonso y Mariño. Pero la información disponible -la coincidencia temporal, la superposición de rubros, la experiencia heredada, el logo y la estética, más el colapso de una y el nacimiento de la otra- permite plantear esa hipótesis con fundamento.

Este tipo de procesos tampoco fueron excepcionales en nuestra historia empresarial, especialmente en los años de la última gran crisis. Muchas empresas se fragmentaron, se achicaron, cambiaron de nombre o de formato para seguir operando en un país que veía caer bancos, aumentar el desempleo y mermar la confianza económica.

Entre ambos planos -la presencia masiva de los años noventa y el surgimiento de Alonso y Martínez- se abre un espacio de reflexión más amplio: sobre cómo se construye la memoria económica de un país. Qué queda registrado, qué se archiva, qué se olvida.
GG

De Alonso y Mariño quedan los avisos que todavía esperan en revistas sin digitalizar, los jingles que persisten en la memoria y en medios como Youtube, así como los expedientes del Estado que han registrado su cierre.

No obstante, continuará siendo una marca recordada por miles de uruguayos, incluso para quienes no podrían señalar hoy un solo aviso puntual, pero sí, hablar con cariño de una empresa que evoca recuerdos, fragmentos, nostalgia y el acompañamiento de sus productos en nuestros hogares, día a día, durante tantos años.

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