La Vienesa: historia, deudas y falta de información precisa


La Vienesa abrió su primera sucursal hace unos 50 años en Montevideo, específicamente en la esquina de Avenida Rivera y Avenida Luis Ponce, que funcionó como casa central de la empresa durante décadas.

Esto sitúa el nacimiento de la marca alrededor de los años 1970s, un periodo en que la panadería tradicional era parte no solo del consumo diario, sino de la vida social que se compartía a nivel barrial: pan recién hecho, meriendas familiares, encuentros cotidianos y una presencia constante en la rutina de miles de uruguayos.

Expansión y décadas de funcionamiento

Con el paso de los años, La Vienesa fue ampliando su presencia en Montevideo hasta llegar a ocho sucursales, distribuidas en diferentes barrios de la ciudad. Esto indica:

- Una estructura que fue capaz de expandirse ampliamente,

- Un modelo pensado para atender tanto al público de a pie como a clientes habituales,

- Y la consolidación de una marca reconocida en el mapa urbano uruguayo.

Esto la ubicó, en su momento, entre las panaderías tradicionales más conocidas de la capital, con productos clásicos (panes, bizcochos, tortas y productos de confitería) que acompañaban los desayunos y las tardes de varias generaciones.


Anécdotas y contexto en la comunidad

Aunque no hay una historia oficial muy documentada sobre fundadores o hitos puntuales —más allá de la apertura de su primera casa central— sí hay señales de lo que la panadería representó:

Recuerdos de clientes: En comunidades en línea y testimonios de foros como Reddit, los usuarios recuerdan haber comprado productos “varias veces por semana”, “los catalanes comunes e integrales, los grisines con sabores, riquísimotambién cosas de rotisería para ayudarte en un almuerzo“muy buen pan” y lo mencionan con cariño, como parte del repertorio habitual de la calidad que solía encontrarse en La Vienesa.

Este tipo de recuerdos, aunque anecdóticos, sirven para reconstruir la memoria popular que rodeaba al negocio: era parte del paisaje y de las rutinas cotidianas, las cuales recibían ese toque especial por su sabor y frescura.

De panadería clásica a símbolo de una crisis sin cierre claro

Durante décadas, fue mucho más que una panadería en Montevideo. Sus vitrinas, su estética tradicional y su presencia en distintos barrios la convirtieron en un punto de referencia, asociado a una idea de relación precio-calidad, continuidad y empleo estable. 

Sin embargo, con el paso de los años, esa imagen comenzó a resquebrajarse hasta derivar en un cierre masivo de sucursales y en una crisis que, al día de hoy, sigue sin una resolución clara para el público.


El inicio del colapso

El quiebre se produjo de forma abrupta. En 2023 y 2024 comenzaron a circular informaciones sobre atrasos salariales, deudas con proveedores y obligaciones impagas ante organismos estatales, lo que derivó en el cierre casi simultáneo de la mayoría de los locales de la cadena. Cerca de un centenar de trabajadores quedaron afectados, muchos de ellos sin una comunicación clara sobre el futuro de la empresa.

En distintos momentos, la situación fue presentada de maneras contradictorias:

– Se habló de bancarrota, luego fue desmentido;
– Se mencionó un cierre temporal, mientras los locales permanecían clausurados;
– Anunciaron también la preparación de un concurso de acreedores, pero sin plazos ni definiciones públicas concretas.

Para clientes y trabajadores, la sensación predominante fue la de una empresa que se apagaba sin explicaciones precisas.

Trabajadores, donaciones y supervivencia

En el tramo final de su funcionamiento, comenzaron a conocerse testimonios de trabajadores que describían un escenario de ajuste extremo en el uso de insumos, con pedidos explícitos de “hacer rendir” al máximo los recursos disponibles para sostener la producción. Al mismo tiempo, se registró un aumento de precios, especialmente visible en servicios de delivery, lo que fue ampliamente cuestionado por clientes en redes sociales.

En paralelo, trascendió que a mediados del año 2025, organizaciones sindicales y particulares realizaron donaciones de materias primas y materiales, con el objetivo de ayudar a los trabajadores a encaminarse hacia una posible solución: transformar la empresa en una cooperativa autogestionada. Este dato resultó especialmente llamativo: una empresa privada histórica funcionando, en sus últimos días, gracias a aportes externos para sostener lo básico.

El giro mediático y el análisis de la controversia pública

La crisis empresarial trascendió el plano económico y laboral cuando el periodista Eduardo Preve, ex coordinador del informativo central de Canal 10, publicó en sus redes sociales una serie de mensajes e imágenes que generaron una fuerte repercusión.

En dicha publicación, Preve vinculó el cierre de La Vienesa y la imposibilidad de afrontar salarios y deudas con el estilo de vida personal de su director ejecutivo, Alejandro Aguerre, señalando una vida de lujo en Punta del Este, viajes y eventos sociales, en contraste con la situación de la empresa y sus trabajadores.

Estas afirmaciones, ampliamente replicadas, marcaron un punto de quiebre en la percepción pública del caso. Para muchos, La Vienesa dejó de ser solamente una empresa en dificultades para convertirse en el  símbolo de una gestión cuestionada, donde la responsabilidad empresarial y patronal quedó en el centro del debate.

Mientras la empresa desmentía el cierre definitivo, distintas versiones circulaban en medios y redes, generando incertidumbre tanto en trabajadores como en clientes.

¿Concurso, cooperativa o desaparición?

Durante el conflicto, surgieron distintas alternativas: desde la posibilidad de que los trabajadores conformaran una cooperativa, hasta la eventual compra de la empresa por terceros a través de un concurso de acreedores. Sin embargo, para el público general, el desenlace nunca fue comunicado con claridad.

Hoy, La Vienesa aparece en registros digitales como “cerrada temporalmente”, una etiqueta ambigua que no termina de explicar si se trata de una pausa, una transición o el epílogo definitivo de la empresa.

Más que una panadería

El caso presentado el día de hoy, excede largamente al de una compañía cerrada. Refleja problemas recurrentes en el tejido empresarial uruguayo:

– La falta de transparencia en los procesos de cierre y liquidación,
– La desprotección de los trabajadores ante crisis repentinas y no tan repentinas,
– Y la dificultad de acceder a declaraciones precisas sobre el destino final de instituciones comerciales que parecían inquebrantables.

Como tantas otras marcas históricas, La Vienesa no desapareció de un día para otro: se fue desdibujando entre comunicados confusos, locales vacíos y un silencio que aún hoy deja más preguntas que respuestas.

Una imagen vale más que mil palabras

Productos de panadería entregados en caja de cartón simple, con envoltorios mínimos y presentación básica, en los últimos meses de actividad de La Vienesa.

La imagen de arriba, compartida por clientes en el perfil Google Maps de la empresa, durante los últimos meses de actividad, resume mejor que cualquier comunicado oficial el estado final de la misma. Ni siquiera hay necesidad de adjetivar demasiado. Y eso, paradójicamente, es lo más fuerte.

Sin declarar intenciones, en la foto se observa:

- Productos entregados directamente en una caja de cartón simple, sin separadores internos ni base absorbente.

- Restos de grasa visibles en la caja y en los envoltorios de papel.

- Piezas desplazadas y deformadas, lo que indica que no hubo cuidado en la disposición ni en el transporte.

- Presentación mínima o inexistente: papeles sueltos, algunos productos sin envoltorio individual.

- Escasa variedad: rellenos similares, colores repetidos, poca diferenciación entre sabores.

- Ausencia de elementos básicos habituales en panaderías: etiquetas, identificación de sabores, protección para evitar que los productos se aplasten o mezclen.

Nada de esto es opinión o subjetivo: es lo que la imagen muestra.

¿Qué representa esto en términos de “declive”? Aquí está el punto central:  un cambio notable en los estándares del producto: presentación básica, menor variedad y embalajes improvisados, muy lejos de la imagen cuidada que históricamente caracterizó a La Vienesa.


Esto conecta perfecto con lo que ya mencionamos antes: pedidos expresos de la empresa hacia los trabajadores de “hacer rendir al máximo los insumos”. No olvidemos también las quejas que son visibles hasta el día de hoy, que agregan también el abrupto aumento de precios y recargos por delivery.

Todo encaja como piezas de un mismo deterioro: cómo las crisis empresariales se filtran en lo cotidiano, cómo el ajuste no es solo en números, sino también en calidad, experiencia y cuidado, pero sobre todo, cómo una marca tradicional empieza a romper el pacto simbólico que durante décadas, supo mantener con sus clientes.

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